Doy consentimiento para que todos mis recuerdos sean borrados cuando se apague mi corazón. 

¡Qué terrible sería abrir Facebook (o como se llame) en unos 300 o 3000 años y que aparezca un "recuerdo de tu vida pasada"! 

Muy lindo todo, pero no, gracias.

Y con mis cenizas, no hay nada que pensar. 

Busquen un río, esperen un atardecer, y cuando el sol toque el horizonte échenlos a volar, 

y que el agua los lleve hacia el ocaso en un solo movimiento del gran baile de la naturaleza. 



Aunque todo eso es ridículo. Una pequeña instrucción se tornaría en un montón de preguntas, una cantidad de logística, un puñado de acciones no reciclables. No hay nada que pensar... Con mis cenizas, que sirvan de columna en un castillo al lado del mar, o que se dispersen en el arenero de un parque donde juegan los niños y corren los perros... 

O tal vez mi lugar no es el espacio sino el tiempo: hagan un reloj de arena entonces


No hay nada que pensar.


Y sin embargo, de no dejar instrucciones claras, cuánta confusión causará este evento en manos de los vivos. 

Porque así como muchos proclaman con aires de sabiduría: "la vida es una cadena de problemas para solucionar", 

yo repito con un silencioso desaire: los problemas traen las soluciones para quien sabe escuchar.


Así que tranquilos, que si me dan la oportunidad, les daré las gracias en algún sueño por haber escuchado, 

por haber hecho caso, por dejar ir con diligencia lo que sobra, y por no haberse complicado,

pues no hay nada que pensar.